viernes, diciembre 30, 2005

El mismo amor, la misma lluvia (1999)

Cuando Juan José Campanella sorprendió con la película El hijo de la novia, algunos críticos y aficionados al cine comentaron que la revalorización de su anterior obra, El mismo amor, la misma lluvia, se debía, en parte, a ese auge comercial que sufren las obras de los artistas al ser adecuadamente comercializadas. El valor de la obra habría subido especulativamente, casi como si de acciones en bolsa se tratara. Nada más lejos de la realidad... Se puede decir que El mismo amor, la misma lluvia es una película absolutamente redonda.

Un retrato de Argentina, un país que, durante décadas, ha sufrido cambios traumáticos –dictadura, revueltas, corrupción, crisis…- nos viene representado por los personajes de esta película, y, cómo no, conducidos por un inconmensurable Ricardo Darín, que encarna a Jorge, un escritor frustrado que ha de adaptarse a las circunstancias, y publica lo que le permiten en una revista para la que trabaja. El amor entre el escritor y Laura (Soledad Villamil) va pasando por distintas grietas –del mismo modo que Argentina experimenta una perpetua inestabilidad-.

El éxito de la película no radica sólo en la interpretación de los actores principales, sino en todo el elenco de intérpretes elegido: la frustración de un país que sufre lo indecible nos viene representada por medio de las distintas figuras que transitan por la película; a través de ellas conoceremos la corrupción, la hipocresía, el egoísmo, la tristeza y, sobre todo, el miedo. En una mezcla de irónica comedia y duro drama, Campanella borda una película que –es lamentable decirlo- llegó a España tres años después de su estreno en Argentina. Quizá eso signifique que otra obra maestra haya nacido ya, y no nos hayamos enterado…

miércoles, diciembre 28, 2005

Martín (Hache)

Martín (Federico Luppi) es un buen hombre. Martín (Federico Luppi) es un hijo de la gran puta. Por su vida desfilan amores verdaderos a los que, víctima de un podrido carácter, no es capaz de mantener. Su esposa lo abandona y Alicia (la sensualidad encarnada en Cecilia Roth), parece estar recorriendo el mismo camino. Martín parece querer perderlo todo, incluso su hijo, Hache –de nombre también Martín- (un joven Juan-Diego Botto), descuidado por éste al no haberse convertido en lo que su padre más anhelaba.

Los trágicos desenlaces se suceden con la eterna presencia de Dante (el mejor Eusebio Poncela), lugarteniente y secreto admirador –en el más profundo sentido de la palabra- del energúmeno que rige, sin querer, los destinos de los que le rodean. Dante intenta lo imposible con quien no hay nada que hacer: mostrar sus sentimientos. El aparente fracaso abocan a los protagonistas a un trágico fin. En el peor momento, Martín explota y muestra su verdadero lado: los sentimientos, al fin y al cabo, son bastante más sencillos de lo que parecen, una vez que están fuera de uno.

Maravillosa obra de Adolfo Aristaráin que nos seduce con interminables y orgásmicos diálogos, lemas insuperables –salvo los peligrosos monólogos de Dante acerca de lo beneficioso de consumir droga controlando- y una interpretación majestuosa por parte de los cuatro protagonistas que viven en un círculo cerrado durante unos días en una apacible casa con piscina.

A pesar de la enorme obra artística, subyacen valores dicotómicos que producen una visión, además de pesimista, demasiado cerrada de la realidad. Aderezados con alcohol, hachís, marihuana, cocaína, entre otras sustancias que son –aunque en la película no se muestre- terriblemente dañinas para los cerebros de unas personas que sufren tan duras pasiones, los caminos tomados por los protagonistas hacen ver lo difícil de la realidad y, lo peor, la imposibilidad de tomar un camino distinto al fracaso personal y a la desesperación. Alicia consume compulsivamente cocaína, sin menoscabo de su presupuesto; Dante es un auténtico poeta de la droga, prostitución y todo tipo de hedonismo como manera de escapar la realidad y sentirse libre; Martín, envejecido y cascado, recuerda el pasado y reconoce que no hay salida: la sociedad está abocada al fracaso y la posibilidad es cerrarse a toda costa, no sin un vaso lleno siempre a su lado; por último, Hache tiene toda la vida por delante, pero ya comienza a convivir con fantasmas similares a los de los tres anteriores.

Un mensaje, el de la película, terriblemente pesimista, sólo saldado mínimamente con el efecto sanador del verdadero amor padre-hijo y la amistad entre Dante y Martín, que, para el odioso y encanecido marxista, supone el rechazo de un opulento contrato que supondría una oronda cantidad de dinero. Por último, el guiño de Adolfo Aristaráin con Tulsaco Films nos hace pensar en otro film del maestro, en el que se nos da un cursillo de previsión de riesgos laborales…

jueves, diciembre 22, 2005

Los educadores (Die fetten Jahre sind vorbei)

"Los años de abundancia han terminado..."; "tenéis demasiado dinero";... Mensajes como éstos pueden encontrarse los más ricos de la ciudad en sus grandes mansiones al volver de sus vacaciones. La opulentas familias, al dejar sus bártulos en la entrada, se dan cuenta de que las alarmas y sistemas que protegen fielmente sus riquezas les han fallado... Las más preciadas posesiones de éstos se encuentran cambiadas de sitio, en posiciones insultantes y desperdigadas por el suelo..., pero nada les ha sido robado. El terror y, sobre todo, la inseguridad que estas incursiones anónimas producen entre las clases más acomodadas es una de las misiones que "los educadores" se proponen llevar a cabo.

Representando una desesperada respuesta ante la globalización y el reinado absolutista del consumismo en el primer mundo, dos amigos, Jan (Daniel Brühl, protagonista de "Good bye, Lenin!") y Peter (Stipe Erceg), parecen divertirse con esta forma de luchar contra la invencible realidad. La inclusión en el grupo de la preciosa Jule (Julia Jentsch), es el detonante de un peligroso triángulo amoroso. Entre la espada y la pared, los ahora tres educadores tendrán que secuestrar a un "pez gordo" de los negocios (Burghart Klaussner) que los ha descubierto en plena hazaña. Las conversaciones con él, un antiguo revolucionario del 68 convertido en millonario y esclavo de su trabajo, representan un diálogo entre dos generaciones y dos ideologías, una lucha entre las ideas dominantes y las débiles pero resistentes ideas revolucionarias que luchan por conservar su sentido en un mundo que le es totalmente inhóspito.

El marcado tono idealista de esta cinta -que quizá llega en una coyuntura poco favorable para el afloramiento de este tipo de conductas- da, no obstante, un tono distendido a la película, que se convierte en una obra bastante entretenida e interesante. El espíritu revolucionario del 68 de Hans Weingartner, su director, se encarna en los tres protagonistas: comunas, manifestaciones, amor libre -aunque éste tenga por fuerza que doler y provocar desavenencias-... El final..., una propuesta: ¿merece la pena luchar por mantener las ideas propias? Os invito a disfrutar de esta excelente cinta.

domingo, diciembre 04, 2005

Punto de partido

Matchpoint (2005), de Woody Allen, sin duda, sorprende. El espectador medio asiste al cine con la expectativa de disfrutar de lo que se podría llamar una película <>, del género propio del cineasta Woody Allen. Durante el primer cuarto de película, este espectador medio se encuentra desconcertado y con un atisbo de decepción: "¿dónde está Woody Allen?, ¿dónde andan los psiquiatras y las neuras?, ¿por qué no me río?, ¿qué es esto de los pijos y el tenis?.." Salvado este primer cuarto de hora, pasamos de ser escépticos a disfrutar de una de las mejores películas que se han podido estrenar este año.

Lejos de retratar una historia cómica, Allen nos sitúa -y hace al espectador vivir y casi poder tocarla- ante una auténtica tragedia. La modesta ascendencia de Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyers), un fracasado jugador de tenis, no es un obstáculo para su noviazgo con la joven Chloe Hewett (Emily Mortimer), hermana de uno de sus alumnos y miembro de una riquísima familia. La relación, rapidísima en su desenlace, transforma a un desmotivado profesor de tenis en un marido con un prometedor puesto en la gestión de la empresa de su suegro. Es en este apacible momento cuando comienza a gestarse la tragedia: Chris experimenta una irresistible atracción hacia Nola Rice (Scarlett Johansson), la frustrada actriz que se encuentra comprometida con el hermano de su esposa. Los impulsos son incontenibles y el reincidente adulterio de Chris deja a Nola embarazada.

El conflicto ante el que se encuentra Chris enfrenta la atracción pura y amorosa hacia una bellísima y sensual joven contra la seguridad, los lujos y el altísimo nivel de vida que le promete ser un miembro de la familia de Chloe. Lo que es en un principio la lucha entre el lujo contra la lujuria pasa después a ser una contienda más seria: Chris y Nola están enamorados y la joven va a tener un bebé: el escándalo público y la temida retirada de su inmerecidos privilegios se ciernen sobre el adúltero marido. La presión puede con él y el protagonista sorprende súbitamente al espectador con una decisión inesperada: el atractivo material y el interés por mantener el statu quo se imponen devastadoramente sobre cualquier otra consideración.

El momento del anillo que, prueba del crimen cometido, es lanzado al mar pero queda retenido por la barandilla, puede ser interpretado de distintos modos. La barandilla, con sus rendijas o rejas, se asimila a la red que el frustrado tenista no ha conseguido conquistar a lo largo de su vida profesional anterior; en lo que concierne a su gran ilusión, la red es su bestia negra. En esta ocasión parece jugar a su favor: el anillo queda en tierra y quien lo encuentra por casualidad acaba convirtiéndose en una especie de coartada perfecta para librar al homicida de su crimen. A pesar de esto, el hecho de que el anillo quede en el mismo lado del campo del jugador (en este caso, el juego es el asesinato) podría suponer una derrota: el problema queda en casa y la partida se pierde, la justicia no puede hacer su trabajo y la tragedia es interiorizada por el ejecutor de la matanza hasta su muerte. De este modo, la suerte, puesta en cuestión a lo largo de todo el film, es un arma de doble filo en ese simbólico momento.

De este modo, Allen nos muestra la derrota de los valores morales, sentimentales y, en definitiva, del verdadero amor, ante el atractivo irresistible del dinero y la buena vida. A pesar de la moral ultraconservadora de su cónyuge -tener hijos casi compulsivamente, casi como un programa de fertilidad-, al final, el lujo se transforma en una irresistible lujuria que impulsa a la bestia rodeada a matar a tres inocentes sumiéndose por ello en un remordimiento perpetuo. La condena, aunque no se celebre un juicio, ha tenido lugar.

Excelente film que, como todos los que lo son, no deben verse una sola vez. Mis más sinceras felicitaciones al genial Woody Allen.

Otra manera de mirar el cine

Llevar adelante un blog es una tarea que requiere de cierta constancia y responsabilidad. Al ser un acto normalmente voluntario, la noción de responsabilidad queda instantáneamente en entredicho: ¿ante quién y de qué respondemos? Y la constancia se resiente y dice "¿por qué ella no y yo sí?". Tenemos, de este modo, enunciado el problema: hacer un blog es una acción tremendamente descabellada. La única esperanza que nos queda, llegados a este punto, es confiar en que algún despistado lector se interese y deje un comentario, una gota de agua en el desierto de cientos de palabras nunca leídas para plantearse si escribir una nueva opinión o dejarla en el informatizado tintero...

Intentando ser leído, pero no por ello esclavo de los posibles lectores, inicia su andadura este blog, dedicado al mundo del cine. Como tal temática no puede ser abordada así porque sí, de manera amplia, el contenido girará en torno a la humilde y aficionada crítica de ciertas películas que, más recientes o menos, resulten interesantes para un análisis de forma y contenido. De los lectores, si los hay, dependerá que este weblog que hoy nace se convierta en hombre o sea una muerte prematura -en tal caso, se acusará a dichos lectores de asesinato en primer grado, título poco aconsejable...-. Un saludo y apaguen los móviles, aunque no haya películas, son tan molestos...